Mostrando entradas con la etiqueta Buscando Tesoros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Buscando Tesoros. Mostrar todas las entradas

lunes, 14 de diciembre de 2015

De otros rastros



La tendencia a utilizar piezas vintage en decoración, en moda y otros

ámbitos de estilo de vida ha supuesto que éstas se revaloricen y sea

cada vez más difícil encontrar algún pequeño tesoro a un precio de

rastrillo de los de antes.


Pasear por los rastros tradicionales o por muchas de las tiendas de artículos
vintage y de segunda mano que han abierto en los últimos tiempos, puede
resultar decepcionante para quienes somos desde siempre amantes de
esas piezas cuyas imperfecciones denotan una larga y vivida historia.

En mi familia siempre hemos sido "buscadores de tesoros". Mi padre,
apasionado de libros antiguos, de prensas de grabado y otros artilugios.
Mi madre custodiando y regalándonos después piezas de decoración,
ropa de hogar y pequeños detalles heredados de sus antepasados.

Una de las actividades compartidas que realizamos frecuentemente son esos
paseos en busca de objetos evocadores de otras épocas, no sólo en anticuarios,
en rastros o en brocantes, también y especialmente en chamarileros pues es allí
donde la búsqueda, la caza del objeto, resulta especialmente un reto: desbrozar
entre tanto objeto sin valor para descubrir una pequeña joya.

Cuando vamos a casa de mis padres solemos acercarnos al Rastro Betel de
Ciudad Real, o como nosotros decimos "vamos a ver a los amigos del abuelo",
porque mi padre los visita frecuentemente, sabe que para ellos es motivador,
que es una magnífica forma de estar activos, integrados y es su modo de vida.
Suele volver cargado de libros, marcos o algún objeto curioso a unos precios
tirados y aunque algunas veces sean inservibles, es su manera de colaborar con
esta ONG dedicada a la acogida y atención de personas en exclusión social.

Mi madre ha encontrado allí piezas realmente interesantes que restaura e
incluye en la decoración de su casa. Algunas habéis podido verlas en post
que he compartido anteriormente con vosotros, como la butaca de mi
cuarto (aquí) o una para el jardín (aquí).

Sé que en Madrid también hay Rastros Betel pero he descubierto otra ONG de
las mismas características que tiene tienda cerca de mi casa, el Rastro Reto,
al que me acerco de vez en cuando para ver si encuentro algún tesorito.

No siempre encuentro algo que me interese pero hay veces que sí y la última
vez vine cargada con todo lo que podéis ver en la fotografía de arriba.

Si os digo que todo me lo traje por 28€ (y sin regatear, que se puede, pero
yo no sirvo ni me parece correcto en este caso), ¿qué os parece?.

Me volví supercontenta a casa... Os voy mostrando uno a uno los artículos
que compré y el precio de cada uno.


La caja con dibujo oriental y bordes desgastados fue quizás y proporcionalmente
lo más caro (5 €), pero es que me pareció deliciosa y me viene fenomenal para
guardar pinceles. También pudo influir la fotografía de la cubierta del último
número de Kinfolk Magazine que estoy leyendo y que está dedicado al estudio
del diseño como forma integradora de la comunidad. 


Un juego de seis preciosísimas copas de cristal con pie turquesa (10€)
que seguro estreno estas fiestas.


Una copa para helado de cristal con pequeños mamelones en la superficie, 2€.


1€ el bol de cerámica en rayas verdes y blancas.


Un must have de mesas bonitas: jarra de aluminio setentera en rosa, 2€: ¡no daba crédito!!!


Una jarra de vidrio en ámbar, también de los años sesenta-setenta, por 2€
(la había visto exactamente igual en una tienda del Rastro de Madrid por 35€, ¡increible!).


Un delicado florero de cristal verde y opalina blanca que me superencanta
por 5€.

Y finalmente un portavelas de vidrio azul: es moderno y sin valor alguno
pero por 1€ no dudé en traerlo a casa.

¿Qué os parecen mis pequeños tesoros de segunda mano?

¿Conocíais este tipo de asociaciones sin ánimo de lucro y sus rastros?

Contadme...




lunes, 13 de abril de 2015

Nómada Market cumple 10 años



Una de las pop up store pioneras en nuestro país, Nómada Market, ha
cumplido diez años y lo celebró este fin de semana con una edición
especial en el precioso espacio de la Estación de Chamartín en Madrid.

Que me encantan los mercados crafties no es ninguna novedad. Ya
compartí con vosotros (aquí) una de mis visitas a ediciones anteriores.


Pero esta edición tenía algo especial para no perdérmela: Almudena,
nuestra querida compi bloguera, alma mater de pÁngala slow bags,
exponía sus maravillosas creaciones y allá me fui el sábado para
desvirtualizarla y hacerme con dos de sus piezas que estoy convencida
van a encantar en dos cumples que tengo pendientes.

Almu es encantadora, con una piel de esas que no puedes dejar de
admirar (estuve todo el rato repitiéndoselo), una persona de lo
más creativa y una trabajadora incansable.

Sus bolsos son mi debilidad y hace ya tiempo me hice con uno: fue
flechazo inmediato y me faltó tiempo para contactar con ella y pedirle
por favor que me lo reservara. Imaginaos cómo sería mi entusiasmo
por aquel bolso que la colección de esa serie acabó llevando mi
nombre y mi bolso tiene ahora nombre y apellido: Piola Blue.

Detallazo de Almudena y gustazo mío: ¡Gracias, pÁngala!

Su nueva colección es fantástica y Almudena nos muestra una
de sus piezas con un precioso tejido en la siguiente imagen.



Esta edición especial del Nómada Market tuvo un punto familiar y
divertido que me encantó.

No sé si porque es primavera y había flores por todas partes,
porque el photocall estuvo muy animado o porque la zona de ocio y
restauración desprendía tan buen rollo.




Hasta yo me decidí a inmortalizarme en el photocall, eso sí, sin disfraz y
camuflada detrás de mi cámara (que poquito me gusta estar delante).



Muchos stands con bonituras handmade por todos lados:
¡qué difícil salir con pocas bolsas de allí!









Y, al fondo, un área dedicada al slow food repleta de kits para
hacernos nuestras propias bebidas...


... tener nuestro pequeño huerto urbano...


... o cultivar en casa nuestras propias setas.


Y a este kit no me pude resistir: por la experiencia de tener mi propia
cosecha de manera tan cómoda en casa, por su filosofía sostenible, por
ser un proyecto que revierte en comunidades para ofrecerles trabajo
digno y cooperativo y, por qué no, por su embalaje tan natural y chuli.

Si queréis saber más sobre él os dejo su web:


Otro de los stand ofrecía una alternativa de huerting ahora en plena
tendencia: alquilar un huerto ecológico que cultivarán por ti.

Podemos optar por un pequeño huerto para una sola persona o algo
mayores según nuestras necesidades familiares.

Puedes saber más aquí.


Hace ya años que conocí esta posibilidad a través de un amigo: entre varios
conocidos alquilar un huerto en un pueblo cerca de Madrid y contratar a una
persona para el cultivo y mantenimiento, repartiéndose luego la cosecha.

Es una manera de asegurarse verduras saludables y con el sabor de siempre.

Algunos ayuntamientos próximos a las ciudades fomentan incluso el cultivo
de huerto propio alquilando pequeños espacios a sus ciudadanos. Una idea
slow life que incentiva la educación sostenible y ecológica, además de
llenar la despensa de alimentos ricos y orgánicos.

No es nada nuevo aunque ahora empecemos a estar más concienciados.
Como os decía tengo amigos que llevan años practicando huerting: podría
ponerle nombres a los integrantes de la pequeña familia playmobil de la
fotografía siguiente.

Javier, Belén, Samuel y Carlota en su pequeño huerto de Colmenarejo ;-)


Nómada Market contó con talleres de manualidades para mayores y
actividades divertidas para los peques.


Y una agradable zona de restauración para tomarse un tentempié
rodeado de cosas bellas y handmade.

Visitar un mercado artesanal es siempre un fantástico plan,
¿no creéis?.







lunes, 30 de marzo de 2015

Mercados de pulgas de París



Ya os comenté que visitar los mercados de pulgas de París era uno de
los objetivos principales en mi viaje a la Ciudad de las Luces y de ahí
que dedicásemos un día entero a recorrer el más grande de todos:
Le marché aux Puces de Saint-Ouen.

Está algo alejado del centro, en la Porte de Clignancourt, pero se llega
fácilmente mediante la línea 4 del metro parisino.

El Mercado de Pulgas de Saint-Quen cuenta con más de tres mil tiendas
que guardan tesoros antiguos o vintages, así como pequeños restaurantes
y cafés que permiten tomarse un respiro y reponer fuerzas para retomar
la búsqueda de tesoros.


La zona más genuinamente "de pulgas" es Vernaison, con pequeños
puestos llenos de objetos antiguos, vintage o simplemente viejos pero
con encanto.

Conforma una auténtica ciudad con sus callejuelas identificadas por nombres
y números, a la que se accede por varias puertas que señalizan entradas a las
diversas zonas.


Alrededor de Vernaison han ido surgiendo edificios tipo nave industrial o
galerías con antigüedades u objetos vintage más valiosos y caros.


Todas las zonas son de lo más interesante pero debo reconocer que
la más auténtica y con encanto es la de Vernaison.

Hagamos un pequeño recorrido fotográfico por ella y lo entenderéis.







Imaginaos esa tienda de dos plantas cubierta de viña virgen en primavera,
toda verde, y la cantidad de pequeños tesoros por descubrir en cada puesto.


Una de las puertas de Vernaison da acceso a un gran patio presidido por la
nave donde la firma Habitat tiene a la venta sus piezas descatalogadas y
prototipos, convertidos ya en piezas buscadas.


El ambiente de este patio y sus tiendas es más desenfadado y juvenil.
Cuenta con un bistrot de lo más agradable: la buvette.



Las galerías y naves aledañas a Vernaison ofrecen magníficas piezas
de anticuario, mobiliario vintage, ropa, comics...
















Imagino que para muchos ir a Paris y supeditar la entrada al Louvre o
Notre Dame a la visita de mercados de pulgas será un pecado
imperdonable, pero todo va en gustos e intereses
¿no os parece?