Hace poco os mostraba la gran mesa de comedor
(aquí) que mi hermana acababa de adquirir.
Hoy, como prometí, el reportaje completo de su salón.
La propia estructura arquitectónica de este piso
madrileño situado en Chamberí,
diferencia el espacio en dos ambientes
separados por un gran vano central.
Un sofá chester en terciopelo rosa intenso,
en cuya trasera se ha instalado una consola
como escritorio, resalta decorativamente
la separación entre la zona del salón
y la dedicada a comedor.
La originaria chimenea francesa que presidía
el salón se ha vestido con una
embocadura de madera en verde provenza.
Enfrentada, en la pared contraria
correspondiente al comedor y que hemos
empapelado con papel inglés de flores,
una pequeña embocadura blanca de atrezzo.
Coronando ambas embocaduras, unos
maravillosos espejos antiguos que fueron
adquiridos en diversos anticuarios de
Valencia, donde mi hermana residió un tiempo.
Maravillosa, esta antigua mesa en azul turquesa
que Gema ha decorado con valiosas piezas,
como la gran lámpara de opalina azul adquirida
Adquirí estos originales apliques de pared art decó
en un brocante, inicialmente para mi casa.
Mi hermana se enamoró de ellos.
Como parecían hechos para los dos puntos de luz
de las pilastras enfrentadas que enmarcan el gran
ventanal del comedor, finalmente fueron para ella.
Los cuadros son en su mayoría de nuestro padre,
Ángel Núñez,
a excepción del paisaje de Pezuela situado
sobre la consola Luis XVI,
el óleo Playa, obra de la propia Gema,
y un pequeño lienzo antiguo de flores
situado en un lateral de la chimenea verde,
que es una de las piezas que más
me gustan de las que atesora mi hermana.
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Recuperamos este precioso
apunte a carboncillo de un kuros clásico
de una de las primeras carpetas de dibujo de mi padre.
Tiene tanto encanto...
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Flores, retratos, porcelanas, cristal,
libros, magazines...
Elementos que conforman nuestro
entorno decorativo y que ambas hermanas
compartimos y hemos heredado
de nuestra madre.
Finalmente un rincón del recibidor que da acceso
a la zona del salón y para la que se mantuvieron
los espejos de una de las paredes,
conseguiéndose así más luz y profundidad
para este espacio.
De una serie de miniaturas de desnudos sobre tabla,
el pequeño cuadro con fondo rojo de nuestro padre,
se convierte en centro de atención,
flanqueado por un gran aplique de bronce
y el banco estilo Luis XVI en madera lavada
con tapicería en el retor original.