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viernes, 17 de febrero de 2023

Bel Mondo, el restaurante más bonito de Madrid y en el que más cuesta conseguir reserva




Bel Mondo, el primer restaurante del grupo Big Mamma en Madrid,

es para para mí el más bonito y deseable de la capital. 

Y no debo ser la única porque está siempre tan solicitado que

conseguir reservar mesa es toda una odisea. Pero, como

me imaginaba y me constató después una de sus camareras, entre

semana si vas a la una o a las veinte horas es posible

conseguir una mesa sin haber reservado 

😃🙌 

Y eso es lo que hice hace unos días, ir a comer a hora europea,

lo que me permitió, además, fotografiar y grabar a mis

anchas este espacio que es una auténtica maravilla.

🤩



















Cuenta con varios ambientes: un gran salón
estucado y decorado en rosa (las tres primeras fotos),
tras el que se encuentra un espacio igualmente elegante
pero algo más casual (foto 4); otro gran espacio
totalmente acristalado y lleno de plantas, que trasmite
sensación de patio y cuenta con innumerables rincones
preciosos (fotos 5 y 6); un distribuidor central con barra (foto 7).

La escalera de subida, al estar en un primer piso, es ya
en sí misma una fantasía (foto 8) y la foto 9 es de la
fachada que tomé al salir y, como veis, llena de
gente esperando que alguna reserva fallase. 

El baño, que es también una fantasía, lo podéis ver en el vídeo final.

En cuanto a la comida, su carbonara es con mucho
mi preferida y la más exquisita que he probado
(ya os mostré hace tiempo en Instagram cómo 
a preparan al lado de la mesa utilizando un gran
parmesano) La cantidad que ponen es tal que no
es necesario tomar entrante ni segundo. Casi ni postre,
pero es que yo no puedo comer sin acabar con
algo dulce así que pedí tiramisú y café 😉
Muy rico aunque, si os soy sincera, he
probado alguno mejor de éste que es mi postre
preferido 🤎

Buena música italiana de esa que todos conocemos e invita
a moverse como veis al final del vídeo 🤦‍♀️😊



miércoles, 6 de julio de 2016

Las paradisíacas playas de las Islas Phi Phi (Tailandia)



He decidido no seguir un orden cronológico al compartir nuestro
viaje a Tailandia.

La semana pasada os hablaba de Bangkok y dejo pendiente para
posts sucesivos algunos lugares especiales que visitamos en la
capital tailandesa como templos y originales mercados.

Porque lo que realmente estaba deseando compartir con vosotros son
algunas de las maravillosas playas tailandesas, conocidas por su belleza y
exotismo de manera que han sido elegidas como escenario de algunas
películas: El hombre de la pistola de oro de la serie James Bond (Ko Tapu)
o La Playa protagonizada por Leonardo di Caprio (Ko Phi Phi Lee).

Esta última se encuentra en el archipiélago de las islas Phi Phi,
compuesto por cuatro islas de las cuales Ko Phi Phi Don es la más
grande y la única habitada.



Se llega en lancha motora desde Phuket y las vistas de los acantilados en
contraste con el color turquesa del mar es realmente espectacular.







La mayor de las Phi Phi posee un pequeño pueblo conocido como Ton Sai
cuya oferta hotelera es amplia y donde se encuentra el puerto principal
para lanchas y transbordadores.




Este archipiélago fue una de las zonas más devastadas por el tsunami del 2004.

Aunque la vegetación está ya recuperada, sentí que había un enemigo peor que
aquel fenómeno natural para la integridad de estas islas idílicas: el hombre.

Inicialmente se intentó que el desarrollo turístico fuese controlado y sostenible
pero la gran demanda ha aumentado la permisividad y la concienciación de la
mayoría de los turistas parece ser poca.

Realmente una pena porque se trata de un auténtico paraíso.

Esta idea rondó mi cabeza en algunos momentos y fue, junto con la injusta
encarcelación de la esposa de Frank de la Jungla, Yuyee, por defender la
fauna del país, los únicos pensamientos negativos que ensombrecieron mis
vacaciones.




Quiero pensar en positivo, creer que la modelo tailandesa será liberada y
que el ser humano sabrá salvaguardar la belleza natural de esta tierra
que aún en su mayoría se encuentra casi virgen.

Os dejo disfrutando de este maravilloso paseo.













jueves, 30 de junio de 2016

Hotel Royal Orchid Sheraton, un oasis en el centro de Bangkok (Tailandia)



Tras nuestro viaje a Tailandia y recuperados del jet lag (doce horas de vuelo
con escala en Qatar) volvemos a la vida cotidiana con algo de penita pero
con las pilas cargadas: ¡benditas vacaciones!

Nuestra experiencia tailandesa ha sido más que positiva y de lo más variada.
Comenzó con unos días en Bangkok, algo moviditos, dedicados a visitar la
ciudad y alguna excursión por los alrededores, compras, comidas y paseos.
Después una semanita de relax y playas en la exótica isla de Phuket.

A pesar de la idea preconcebida de la capital de Tailandia, Bangkok no me
ha resultado una ciudad tan caótica como esperaba.

Es cierto que el tráfico es insufrible en hora punta, con una conducción casi
temeraria entre coches, taxis, tuk-tuk y motocicletas que enrarecen el aire y
hacen explicable el uso de mascarillas, pero por lo demás es una ciudad que
se puede patear sin temor ni demasiados agobios, en la que acabas
integrándote y es seguramente el calor combinado con el alto grado de
humedad lo que la hace asfixiante e insufrible para los occidentales.

La capital tailandesa es una combinación paradójica de calma oriental y
modernidad estresante, de religiosidad y consumismo, de belleza exótica y
capitalismo extremo.

Edificios altísimos y modernos conviven al lado de pequeñas construcciones
viejas y decadentes, numerosos puestos callejeros junto a centros comerciales
de tamaño gigantesco. Una mezcla de economía de subsistencia y capitalismo
extremo difícil de entender.

Pero, como imagino que en cualquier país de tradición budista, los pobladores
parecen hacer caso omiso a estos contrastes: viven con la sonrisa puesta y
ese gesto de saludo y agradecimiento tan característico, con las manos
juntas e inclinando la cabeza.

La vorágine de esta ciudad me hizo sacar poco la cámara salvo cuando
visitamos algunos mercados tradicionales o templos: no tenía demasiado
sentido cargar con ella en espacios multitudinarios como el mercado al
aire libre de Chatuchak (el mayor del mundo), el MBK Center (uno de
los centros comerciales más famosos de Bangkok con todo tipo de artículos
imaginables) o el barrio chino de Bangkok, el único de la ciudad que no
se ha vendido a la modernidad y sigue manteniendo su espíritu exótico y
caótico (uno de los Chinatown más antiguos del mundo).

Me arrepentí de no haber tomado fotografías de la grandiosa vista de la
ciudad desde la planta 78 de la Baiyoke Tower (la más alta de Tailandia)
donde cenamos y vimos como las luces de la ciudad se iban apagando y
encendiendo por barrios en sucesivos apagones por la tormenta. 

En esta época del año Tailandia vive la estación de lluvias o monzones y
estábamos preocupados por ello pero lo cierto es que las lluvias son
puntuales (normalmente por la tarde-noche), descargan mucha agua
pero limpian el ambiente y lo refrescan por lo que casi se agradecen.

Aún así el calor es sofocante y entrar en un espacio con aire acondicionado
(prácticamente cualquier interior lo tiene) o poder darse un chapuzón ronda
continuamente la cabeza.

Y dentro de la vorágine urbanita de Bangkok nuestro hotel se presentaba
como un auténtico oasis.

Los hoteles en Tailandia resultan baratos en comparación con los del mundo
occidental por lo que decidimos elegir alojamientos cómodos y cuidados.

El Royal Orchid Sheraton Hotel & Towers nos acogió en Bangkok.


Situado en la orilla del río Chao Phraya, nuestra habitación en la planta 19
tenía unas vistas inmejorables.





No se trata de un simple rascacielos, cuenta con un amplísimo espacio verde a
orillas del río lleno de jardines, piscinas, una gran terraza en la orilla y su
propio embarcadero.




Las aromáticas y preciosas flores blancas de Plumeria (Lan-Thom) se
encuentran por todas partes en este país.




Por supuesto, como en cualquier espacio de Tailandia, un altar o casa de los
espíritus (San Phra Phum) y el árbol sagrado engalanado con coloridas
telas de tul.











Quedé enamorada de los maceteros cerámicos que vimos por todos lados,
tanto en Bangkok como en las islas. Una pena no haberme podido traer uno.






Varios restaurantes temáticos, spa, gimnasio, tiendas, música en vivo:
realmente no me hubiera importado quedarme algunos días más en este
hotel ;-)




Hasta aquí la primera entrega de nuestras vacaciones en Tailandia pero os
advierto que amenazo con más.