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lunes, 20 de febrero de 2017

Día internacional del gato



No soy mucho de Día Internacional de..., quitando aquellos que nos hacen
recordar causas importantes.

Ahora con la popularización de internet nos enteramos de que todos los días
es el día internacional de algo, a veces incluso de varias cosas a la vez.
¿Sabías que existe el día de la croqueta? Pues se celebró el mes pasado.

En cualquier caso adoro los mininos y hoy es una buena excusa para compartir
imágenes de gatos que tomamos en Marrakech, donde son los dueños absolutos
igual que comprobamos el año pasado en Chaouen.

En Marruecos el gato es el animal preferido por encima del perro y 

parece ser que ésto se debe a una cuestión de higiene, pues el gato caza 

ratones y mata bichitos poco deseados en el entorno doméstico, además 

de ser un animal más independiente que no necesita depender del 

cuidado de una familia.


De hecho los gatos marroquíes no suelen pertenecer a ninguna casa, campan a
sus anchas por calles y terrazas, autoabasteciéndose o siendo alimentados por
la comunidad.

Están acostumbrados a la gente y no suelen huir, por el contrario, muchos se
acercan si les dices algo para ver si consiguen algún regalito.


Cerca del riad en el que nos alojamos había un mercado de comida y allí se
encontraban estos tres pequeños, libres entre los puestos pero cuidados por
su madre.

Se convirtió en uno de los rituales de nuestro día: salir del riad para dirigirnos
a la Plaza de las Especias, atravesar el mercadillo y esperar ver a los gatitos,
frecuentemente jugando entre ellos.

Nos quedábamos un buen ratito disfrutando de sus juegos y a veces la mamá
gata aparecía, una vez con un pescadito en la boca que le había regalado el
pescadero de uno de los puestos.

Es sorprendente ver a los gatos esperando delante de los puestos de pescado.
En una de las fotografías que veréis más abajo tenéis a un grupo de gatos muy
colocaditos que parecen estar esperando su turno ;-)


Una noche de vuelta a nuestro riad vimos cómo uno de los pequeños gatos
(imaginamos que los otros estarían ya dormidos) jugaba con su madre. Fue un
momento especial, Javier y yo embobados viendo las cabriolas del pequeño
haciendo que atacaba a su madre, escondiéndose para luego saltar sobre ella.
La mamá hacía como que no esperaba el ataque y simulaba una lucha para
acabar sujetándolo debajo, momento que aprovechaba para lavarlo.

Nosotros con la sonrisa puesta y pensé en sacar el móvil para grabarlo pero,
como Javier me dijo, "mejor disfrutemoslo, mami".

Ya os digo, uno de esos momentos entrañables para recordar.






En la terraza de nuestro riad encontrábamos algunas noches este grandote y
cariñoso minino que no parecía ser del hotel.

Pedía caricias y juegos. Por el tamaño y el pelaje se notaba que estaba bien
cuidado aunque le faltaba un ojo, seguramente debido a alguna pelea (vimos
bastantes gatos tuertos y también algún perro).

Solíamos subir un ratito todas las noches y Javi aprovechaba para disfrutar
de él.


Me encantan los animales, prácticamente todos, aunque debo reconocer mi
debilidad por el gato.

Son encantadores canallas que siempre te dejan con ganas de más juegos y
mimos.

Como nuestro Pichu, el gato de mi hermana, del que disfrutamos sobre todo en
vacaciones.

Mi sobrino el peludo (como yo lo llamo) tiene mamitis y siempre se deshace
con su madre. Ved si no la siguiente imagen.


Pues eso, felicidades a todos los gatitos en su día.

lunes, 27 de abril de 2015

Un día de perros



Ayer hizo un auténtico día de perros por estas latitudes (bajada importante
de temperaturas, lluvia, incluso tormentas) y me hizo recordar el
tiempo "disfrutado" durante mi viaje a París.

La meteorología y la propia expresión día de perros me llevaron a buscar
estas fotografías de canes parisinos que hoy comparto con vosotros.


El precioso golden retriever de las imágenes precedentes regresaba
realmente contento de su paseo matinal portando el paraguas de sus
amigos, cada uno con sendas bolsitas que yo imaginé de delicatessen
para los postres del almuerzo (será por imaginación...)


Este dálmata de pelo largo lucía magnífico rodeado de antigüedades,
¿no os parece?


¿Y el bretón con corbata, mascota de una tienda de ropa vintage?

Era especialmente cariñoso, le encantaba que lo acariciasen y te
perseguía cuando dejabas de hacerlo.


Un simpático pequeño asomado a su balcón...


Y un coqueto maltés luciendo su plateada cabellera hasta el suelo.

No sé de dónde procederá la expresión un día de perros... 

De lo que estoy segura es de que pocas cosas son tan agradables
como pasar un día con ellos si, como yo, los adoras.

¿Y a ti, te gustan los perros?





lunes, 24 de noviembre de 2014

Hoy compartimos... mascotas






Un nuevo encuentro blogger del grupo Hoy compartimos... que este
mes dedicamos a las mascotas, esos pequeños, o no tan pequeños,
seres que acogemos en nuestro hogar y que se convierten en parte
integrante del mismo, a los que ofrecemos amor y cuidados,
recibiendo de ellos cariño, diversión, compañía...

Quienes tienen mascotas coinciden en la sensación de recibir más
de lo que se entrega y en considerarlas como un miembro más de
la familia.

En casa de mis padres siempre hemos tenido mascotas que han
formado parte de nuestra infancia, sobre todo gatos y perros,
pero también hemos tenido conejos, pollitos, erizos e incluso un
pequeño jabalí que había quedado huérfano tras una montería.

Estos últimos no los teníamos en casa sino en el campo, porque
siempre hemos considerado una crueldad tener encerrados
animales no domésticos.

Hay pocas sensaciones tan reconfortantes como cuidar animales
salvajes heridos y dejarlos en libertad una vez se han curado.

Recuerdo una lechuza que cayó de la torre de la iglesia al balcón
de mi casa. Tenía un ala rota y no podía volar. Mi madre la estuvo
cuidando, alimentándola, hasta que un día echó el vuelo.

O ese pajarito que cayó del árbol porque aún no sabía volar y
que pusimos a buen recaudo en una rama para que su mamá
viniera a recogerlo ¿Os acordáis? (aquí)




La semana pasada me ocurrió algo muy tierno.

Al salir de la biblioteca me llamaron la atención los gritos de algunas
alumnas subidas asustadas a un banco. Me acerqué y pregunté.
Me dijeron que bajo el banco había un ratón y, en efecto, vi un
pequeño ratoncito de campo. 

Debo decir que estoy acostumbrada a verlos porque me crié
en un pueblo.

Ciertamente pueden ser dañinos y son unas de las peores plagas
para la conservación de una biblioteca, pero me parecen lindísimos.

Además, el protagonista de esta historia era un bebé ratoncito.
No llegaba a medir centímetro y medio, sin contar el rabito, pero
no fue su tamaño lo que me demostró que era una cría. Era su
total desconocimiento del peligro que suponía para
él la proximidad humana.

Un ratoncito adulto huye raudo ante la proximidad del hombre,
es difícil verlo, más bien es el movimiento lo que te hace intuirlo.

Nuestro ratoncito era confiado. Puse la mano cerca de él y la
mantuve mientras se iba acercando.

Se subió a mi palma pero se escapó entre mis dedos cuando la cerré.
Aun así no huyó, se mantuvo cerca olisqueando.

Le pedí a las chicas, que me miraban ojipláticas (pobres urbanitas),
un vaso desechable limpio que tenían. Tras acercarlo al ratón y
mientras le hablaba, conseguí que entrara.

¡No ocupaba ni la mitad del fondo del vaso!




Aquí le veis en una fotografía que tomé con el móvil mientras le
llevaba a un pinar próximo con la intención de dejarlo en libertad
entre la hojarasca para que se camuflara y consiguiese pasar la
noche calentito.

Reconozco que por un momento pensé en llevármelo a casa, en
comprar una jaula de hamsters con rueda, unas pipas...
Imaginé la alegría de Javier al verle tan pequeño y
tan lindo...

¡En absoluto!
Fue sólo un fugaz e inapropiado pensamiento.
Un ratoncito de campo debe vivir en su hábitat natural,
el campo, en total libertad.

Distinto sería si se tratase de un animal doméstico.
Para ellos el amor y cuidado de sus dueños es fundamental.
Y para nosotros, los humanos, una responsabilidad que no
debemos eludir si decidimos integrarlos en nuestra familia.

Acoger una mascota debería ser un acto meditado y
una vez decidido, sin retorno salvo imponderables
realmente justificados.

Y, desde luego, nada de abandonos porque como
bien sabemos "ellos no lo harían".




















lunes, 5 de mayo de 2014

Amor por los animales





Quienes tenéis mascotas sabéis el amor que se siente por ellas y cómo
acaban convirtiéndose en un miembro más de la familia.




Cuando se ponen enfermos multiplicamos los mimos y cuidados,
como si de un bebé se tratase pues no nos es posible preguntarles
qué les ocurre exactamente o si la medicación les hace sentir mejor.




Y, al igual que con los niños, notamos que no se encuentran bien porque
pierden las ganas de jugar, se muestran tristes y taciturnos.




Pichu, el gatito de mi hermana, ha estado pachucho y nos ha
tenido preocupados a todos.

Él, que es la alegría de la casa, que no para de saltar y
provocarnos para que juguemos, sólo tenía ganas de estar
en el ventanal con la mirada perdida.





Ahora se encuentra mejor y, entretanto, todos nos hemos volcado
con él para hacerle saber lo mucho que lo queremos.




El amor no entiende de diferencias,
ni razas, ni sexos, ni especies...






lunes, 15 de julio de 2013

Aprendiendo a volar







Es frecuente en esta época que los pajaritos que empiezan sus primeros
vuelos se caigan y no sepan regresar al árbol o al nido.

Cuando son muy pequeños y es difícil que sobrevivan, podemos
probar a cuidarlos en casa e intentar sacarlos adelante para luego
ponerlos en libertad.

Quienes lo habéis intentado y conseguido sabréis qué sensación
más grata es dar vida y vuelo a un pájaro.

Pero si el pequeño pájaro tiene posibilidad de sobrevivir
por sí solo, lo mejor es volver a ponerlo en el árbol para que
la madre venga en su ayuda.

Esto fue lo que ocurrió hace unos días durante mis pequeñas vacaciones.

Un verderón chiquitín (Carduelis chloris), con pequeñas boqueras aún
y restos de su primer plumaje, esos plumones que sobresalen y parecen
telarañas o extensiones ;-), había caído del árbol al suelo y
no era capaz de remontar el vuelo.

Lo tomé con la mano firme y hueca (si nos ponemos nerviosos
y tememos aplastarlo sólo conseguiremos que se nos escape
y se asuste aún más), su corazoncito latía rápido pero poco a poco
se fue calmando al hablarle e irle abriendo la mano poquito a poco.
Mientras, le tomaba fotografías con la otra.

Un pequeño inciso para desvelaros un truco fotográfico:
cuando tengo que fotografiar con una mano ocupada y no puedo
girar el enfoque, pongo la mínima distancia focal que permite mi objetivo,
elijo punto de enfoque, me acerco mucho al objeto con el disparador
a medio pulsar y me voy alejando hasta conseguir el enfoque adecuado
que es cuando la imagen está más nítida y la cámara da el pitido.
No sé si he utilizado los términos fotográficos adecuados porque
ya sabéis que en fotografía he ido aprendiendo yo sola,
sin haberme leído siquiera el manual de mi cámara. 
Aunque por fin he encontrado el momento para hacer un primer
acercamiento "académico" a la fotografía y este próximo sábado
me he apuntado a un curso intensivo de iniciación.
Lo imparte el fotógrafo y director de cine Yen Gálvez y si estáis
interesados y vivís en Madrid aún tenéis tiempo de apuntaros (aquí).
El curso lo dará en su fantástico estudio, donde se han rodado series
como Física y química
A mí me pilla a dos manzanas y tiene un precio estupendo (40€)
Como veréis, no tengo excusa. 


Y, siguiendo con el pajarito, se quedó tan relajado que incluso pude 
voltear la mano y dejar que estuviera un ratito posado en el
dorso sin estar atrapado.

Como yo no llegaba a la rama del árbol se lo pasé a mi hermano
que, tras darle un piquito, lo colocó en la rama.

Creemos que se salvó porque unas horas más tarde ya no estaba allí
y no había plumitas en el suelo de los alrededores.

Un final feliz para nuestro pequeño verderón que pronto nos alegrará
con su precioso canto.