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lunes, 30 de enero de 2017

Le Jardin, un restaurante imperdible en Marrakech



Son tantos y tan divinos los sitios que descubrimos durante nuestro viaje a
Marrakech en estas últimas vacaciones navideñas que, la verdad, me ha
costado elegir por cuál empezar.

Quizás influenciada por Greenery, el color Pantone 2017, me he decidido a mostraros 

primero este restaurante donde el verde, en prácticamente todas sus variantes, está 

presente: Le Jardin, espacio imperdible situado en un maravilloso entorno, con una 

decoración muy cuidada, exquisita carta de fusión marroquí/occidental y un agradable 

servicio.



Al igual que otros dos de los restaurantes más conocidos de Marrakech, Café
des Épices y Nomad (de los que os hablaré más adelante), Le Jardin es un
espacio creado por Kamal Laftimi quien, junto a la arquitecta de interiores Anne
Favier, ha conseguido un verdadero oasis a partir de un edificio del siglo XVI
bellamente renovado.

Escondido entre las laberínticas calles del zoco (souk) Chérifia, tras una
pequeña y sencilla puerta se accede a un exuberante patio/jardín rodeado
por el majestuoso edificio. 

El diseño sigue el espíritu de los años 60 y 70, época de apogeo de Marrakech,
con una combinación de estilo marroquí y europeo chic.


En la entrada encontramos una pequeña tienda de productos orgánicos de
temporada propios de la zona.

Y un precioso rincón decorado con libros y leña.



El  patio central, exuberante de vegetación, cuenta con diversos espacios
para comer o bien tomar un té u otra bebida en butacas bajas.










Para subir a la terraza hay que atravesar una magnífica galería, luminosa y colorida.



Acogedora, ¿verdad?



Y subiendo un tramo de escalera más llegamos a la terraza.




Un gran espacio abierto y una nueva galería.

Verde por todos lados, luz y sombreros de paja con el nombre bordado del
restaurante, como es costumbre en casi todos los establecimientos con terraza
de Marrakech.






En Le Jardín podemos encontrar también una tienda con diseños de Norya
Ayron (me encantan sus kimonos largos).


Le Jardín fue uno de los espacios que más nos gustó,
¿entendéis porqué, verdad?

viernes, 22 de abril de 2016

Haz tu propia baldosa hidráulica * DIY



Desde que comencé mi colección de baldosas hidráulicas tenía unas ganas
tremendas de probar a hacer una casera, por mí misma, tras haber visto algunos
vídeos del proceso artesanal utilizado en la fabricación de estas preciosas
piezas.

Mirad que maravilla:



Obviamente yo no tengo las herramientas profesionales para hacer baldosas y
tuve que buscar la manera de sustituirlas por elementos que tengo en casa:
la base de una caja de plástico de bombones con la forma y el tamaño adecuado
parecía prestarse perfectamente a ello y unos moldes de galletas con forma de
estrella podrían servirme para conseguir los dibujos.

Me preocupaba que los moldes sueltos se movieran durante el proceso y
estropeasen el resultado. No las tenía pues todas conmigo pero había que
probar, ya sabéis, quien no arriesga no gana.

Compré cemento blanco en vez de gris para poder darle color con tintes
naturales que traje de nuestro viaje a Chaouen en los tres preciosos
tonos de azul característicos de este pueblo marroquí.


Y me dispuse a hacer tranquilamente mi baldosa, con mucho cuidado y
concentración por lo que no tomé fotografías del proceso, aunque básicamente
se trató de rellenar las estrellas con las mezclas de cemento, agua y los azules
verdosos en pequeña cantidad de color y rellenar el resto del molde cuadrado en
una mezcla de cemento, agua y azul añil intenso y otra con algo menos de azul.

Todo un poco improvisado y sin perder demasiado tiempo para evitar que el
cemento se secase en exceso.

Entonces venía el paso más difícil: retirar los pequeños moldes de galleta sin
que la forma de los dibujos de estrella se corriesen o mezclasen.

Debí dar con el punto conveniente de la mezcla de cemento porque ésto no
ocurrió. Podéis imaginar lo contenta que me puse.

Después esparcí cemento blanco en polvo, tal cual viene, sobre mi incipiente
baldosa y finalmente añadí la mezcla de cemento blanco con agua, ya sin tinte,
hasta llegar al borde del molde de plástico.

En mi afán por reproducir fielmente una baldosa hidráulica destinada a formar
parte de un suelo, con su parte decorada y su revés de cemento sin color, dejé
el cemento sin colorear para la base. Sin embargo, a posteriori y teniendo en
cuenta que se trata de una baldosa para uso decorativo y doméstico, no tiene
sentido mantener el cemento en el color original para la base, mejor hubiera
sido echar sobre la capa de cemento en polvo una mezcla con el color del fondo
del dibujo, ¿verdad?.

Pero de los errores se aprende y, a pesar de que mi prototipo es muy
mejorable, estoy contenta con el resultado: ahora tengo una baldosa hidráulica
única, realizada por mí misma, con un diseño de cielo estrellado sobre una
especie de Vía Láctea.

Para dar por finalizado el proceso, tras dejar secar unos días el cemento y sacar
la baldosa del molde, pasé un estropajo por los bordes para eliminar las posibles
rebabas y di a la baldosa varias manos de barniz mate incoloro en spray.


Para estrenarla he montado una sencilla mesa en tonos azules con la que
participo en el Desafío Color: Azul que este mes nos propone Lorena de
Amor por la decoración.

Los preciosos vasos de inspiración noretnic en cerámica y cristal son de Dar
Amina shop, el plato con diseño de globos de Ikea y los azules con borde
dorado son de Geneviève Lethu.



Para beber, un agua aromatizada de limón, jengibre y miel, mucho más
suave que la infusión detox de jengibre y ajo que compartí hace tiempo (aquí)
y rica también en propiedades saludables.



Para picar, unas tostas de queso mozzarella, aguacate y rúcula, ricas,
saludables y fáciles de preparar.




Como veis, un post lleno de sencilla y baratita inspiración que compartir
como cada viernes en los Findes Frugales de Marcela Cavaglieri.


Os deseo un buen fin de semana. Nos leemos el lunes.

jueves, 15 de octubre de 2015

Club de las mesas bonitas: mesa de otoño



Ya sabéis lo que me gusta cuidar la decoración de las mesas, hacer las
comidas apetecibles no sólo por sí mismas, también por el ambiente que
las rodea, invitando a compartir ese momento especial que es disfrutar
ricos alimentos, bebida y buena compañía.


Anabel de Acotío Decó también lo sabe y cuando me invitó a participar en
la nueva edición del Clubdelasmesasbonitas no lo dudé ni un momento.


Por las fechas en las que estamos no podía ser de otro modo: una mesa con
ambientación de otoño donde un frutero lleno de frutos de temporada es
el protagonista, el centro de mesa.

Cierto que es una pieza de porcelana con un color poco otoñal pero
precisamente por eso es rompedor y da protagonismo a los
colores y texturas de los frutos.

Membrillo, granada, higos, uvas, castañas, nueces... formando un
bodegón otoñal.


Aprovechando una estancia en casa de mi hermana dispusimos esta mesa de
otoño utilizando un magnífico wallpaper con estampado chinoiserie y textura
de pintura al óleo como camino de mesa.


Como no podía ser de otro modo el menú incluía crema de calabaza de
primero y una tabla de quesos con frutos secos, higos y uvas para picotear.

Todo regado con un rico caldo Ribera de Duero.





La vajilla es un clásico de Porcelanas San Claudio, la serie flores y frutas,
y la cubertería de bronce modelo bambú es un souvenir de Tailandia.



Os animo a visitar las propuestas de los otros blogs participantes en esta
edición del Clubdelasmesasbonitas, El invitado de invierno y

¡Bon appétit!