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miércoles, 3 de febrero de 2016

Delicatessen dulces



Nuevamente pachucha de la tripita me mantengo a base de dieta blanda y
ayer ni siquiera eso, sólo la aconsejada solución alcalina de agua, limón,
bicarbonato, sal y edulcorante.

¿No os pasa a vosotros que justo cuando no podéis comer os apetece todo?
Seguro que sí y eso me ha ocurrido a mí con los dulces, más exactamente
con los macarons (a pesar de no ser forofa de ellos) al verlos en la cuenta
de instagram de Blonde Atlas, que en su último post ofrece una
Guía de viaje de París en la que no podían faltar los coquetos pastelillos.

He recordado algunas fotografías de delicatessen dulces que tomé en
la Ciudad de la Luz durante el viaje que hice el pasado febrero (ya hace
un año, casi nada, cómo pasa el tiempo).


Además de los coloridos macarons, otras especialidades de repostería
francesa están diciendo "¡cómeme!" y no siempre sabes cuál elegir. 

Una opción que me encantó fue el plato degustación de dulces que suelen
tener los bistrot parisinos para la hora del café o la merienda.


Y aunque no la busqué y pensé que me volvía sin visitarla, la archiconocida
patisserie Ladurée me encontró a mí en el último momento pues tienen un
precioso local en el aeropuerto de Orly.



Tuvimos tiempo de sentarnos y degustar sus macarons, además de tomar
algunas fotografías.



En mi cabeza no paraba de rondar una cuestión: si la decoración de un
local-stand de aeropuerto es así de impresionante, como serán Ladurée
Royale o Ladurée Champs Elisées.

Tendré que quedarme con la duda hasta mi próximo viaje a París o hasta
que tú me lo cuentes si es que estuviste allí ;-)




miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cómo usar una cafetera Chemex



Os comentaba en el post anterior que el sábado tuve la oportunidad de
observar el método para hacer café con la cafetera Chemex y que había
tomado fotografías del proceso para compartir la experiencia con vosotros.

Esta cafetera se ha convertido en icono del movimiento slow food y
es el must más buscado por los Cooking bloggers.

Hasta yo estuve a punto de caer en la tentación y hacerme con una Chemex,
aunque finalmente opté por una versión handmade y lowcost.
¿Recordáis? (aquí).


En el stand de U coffee se preparaban cafés con distintos métodos de
infusión aunque el más solicitado, cómo no, era el de la cafetera Chemex.

Nuestro chico U se ofreció a hacernos una demostración y contarnos los
secretos para preparar el mejor de los cafés lentos.


Lo primero será humedecer con agua caliente el filtro de papel para que se
adhiera mejor al vidrio y se eliminen los restos de celulosa indeseados que
luego puedan pasar al café. Se retira después ese agua.

Seleccionaremos la variedad de café que deseamos tomar.

Yo elegí un café procedente de Kenya, por aquello de la baronesa Blixen que
abandonó Dinamarca para instalarse en el país africano creyendo que iba a
criar vacas y acabó sacando adelante ella solita un cafetal y regalándonos esas
Memorias de África que llevadas al cine se convirtió en mi peli preferida e
imagino que de muchos de vosotros.

El café, siempre en grano, se pesa y se muele en el momento.



Se echa en el filtro y se da unos suaves golpes a la cafetera para que se
asiente bien. Luego haremos un hueco en el centro del café molido con
el mango de la cuchara de café.



Echaremos agua muy caliente en el hueco hasta llenarlo y dejaremos de treinta
segundos a un minuto para que se realice una preinfusión con el fin de mejorar
el aroma final.

Después iremos echando lentamente agua por el borde del café,
en espiral hacia el centro.


Lenta y constantemente para conseguir una correcta emulsión y oxigenación
del café.


Iremos echando agua hasta conseguir el peso en agua correspondiente a la
cantidad de café utilizada.

Sí, porque como habréis ido observando en las fotografías, todo el proceso
se realiza con la Chemex sobre una pequeña báscula.

La proporción aconsejada es de unos 30 gr. de café por 500 mililitros de agua.
Proporción que puede variar según el gusto personal.


Esperaremos a que el agua se filtre por completo, retiraremos el filtro y
menearemos la cafetera suavemente para servirlo justo después.

Ya os dije que tenía algo de ceremonial, como las catas de buen vino.

¡Ahora a disfrutar nuestro slow coffee!


miércoles, 18 de noviembre de 2015

Del huerto urbano a la mesa



Tener y cuidar un huerto urbano no sólo supone disponer de verduras
orgánicas cultivadas de una manera ecológica con los beneficios
dietéticos y el placer gastronómico que ello conlleva.

Es algo que va más allá, es un concepto de vida, una manera de acercarse
a la sencillez y a lo natural, a esa ansiada slow life tan difícil de conseguir
en un mundo rápido como el actual.


Ver germinar las semillas, crecer los plantones, aparecer las flores que
poco después se convertirán en fruto produce una satisfacción difícil de
explicar.

La Naturaleza es siempre sorprendente y el estar atentos a sus lentos
pero tenaces cambios es de alguna manera una especie de meditación.

Es la sensación que en mí generaba el cuidado del jardín y huerto de
mi vivienda anterior. Una sensación que había sentido antes en el
huerto de mis padres y que sigo experimentando cuando visito
el de amigos o conocidos.



Hace poco compartía con vosotros unas patatas moradas muy especiales
(aquí), cultivadas por mis amigos Belén y Javier en su huerto.

Javier, "el papá de las papas", como se identificaba en el comentario que
nos dejó, nos explicaba el especial cuidado que esta variedad requería en
cuanto a tiempo de cultivo respecto a las patatas comunes: siete meses
las moradas frente a los 90 días de las variedades que solemos consumir.

Unas patatas verdaderamente slow food que, como os comenté, estaban
exquisitas, llenas de nutrientes y sin ningún tipo de aditivo: sólo agua
sobre la tierra que las acogía.




Javier también nos prometía un nuevo producto de su huerto: calabazas.

Y no llegaron solas sino acompañadas de cebollas, patatas comunes y
pequeños pimientos.



Las hice simplemente asadas en el horno y aderezadas con flor
de sal y aceite de oliva.

Cómo me vería mi hijo Javier de ilusionada al prepararlas y servirlas
que aceptó probar la calabaza y los pimientos por los que hasta ahora
sentía verdadera animadversión.

¡Pidió repetir calabaza!

No exagero si digo que los productos se Javier y Belén, además de
orgánicos, son milagrosos.

;-)

lunes, 28 de septiembre de 2015

Un desayuno internacional



Este fin de semana fue de esos que permiten disfrutar un poco de todo y
aunque pasó más rápido de lo que hubiera querido, mantengo esa sensación
que aportan los días de descanso.


El sábado nos levantamos cuando el reloj natural decidió que ya era
el momento y nos regalamos un desayuno que bautizamos de
internacional.

Tras las vacaciones nuestra despensa guardaba delicatessen llegadas de
diferentes destinos nacionales y extranjeros que decidimos probar en un
desayuno tardío, lo que ahora se viene denominando un brunch:
breakfast (desayuno) + lunch (almuerzo).


De nuestro viaje a Noruega habíamos traído chorizo de reno, alguna conserva
queso con un cortador de diseño noruego ideal para obtener lonchas muy
finas.

Pero no pude traer salmón ni crema de huevas de bacalao por necesitar
refrigeración. Éstas últimas con un sabor dulce/salado irresistible me
conquistaron, además de constituir un alimento muy sano.

Imaginé que en Ikea encontraría la versión sueca y, en efecto, los tubos
Kalles se han convertido en inquilinos asiduos de mi nevera.


Y no es la única crema de la que hemos disfrutado estos días, también
algunas que nos llegaron de Francia y sobrasada mallorquina artesana.

Y junto a la sobrasada unos tomates exquisitos para hacer pa amb oli,
especiales no sólo por su textura, sabor, facilidad para ser restregados en
el pan y conservación (pueden durar sin frigorífico hasta seis meses), sino
porque llegaron directamente del huerto de la familia mallorquina a través
de mi hermano mayor.




El abuelo Andrés (de Javier) nos trajo como todos los años varios botes
de conservas del Cantábrico.

No hay color, mejor dicho sabor, con las que consumimos normalmente
el resto del año.


Si a todas estas exquisiteces le añadimos un zumo natural, el desayuno
se convierte en un auténtico banquete de sabor y salud.



¿Os gusta la jarra en la que sirvo el zumo?

Pues es una regadera que encontré en Ikea por la que sentí flechazo
inmediato, además de tener un tamaño y un diseño que la hacen muy
práctica como jarra.




Un desayuno que acompañamos con panes de pueblo, kefir con
arándanos y ensaimadas.



Hasta la sobremesa tuvo toque internacional, disfrutando el magnífico
libro Home Stories, recién publicado por la bloguera sueca Ida Magntorn.

Llegó el viernes a casa y estaba deseando saborearlo tranquilamente (ya os
hablaré de él con más detenimiento).


Así deberían ser todos los fines de semana, ¿no os parece?

viernes, 28 de agosto de 2015

Una cafetera slow food



Ahora que todo el mundo tiene supercafeteras de cápsulas, rápidas, limpias
e individuales, resulta que lo más trendy es hacer café con sencillas cafeteras
de goteo inspiradas en el diseño de la cafetera Chemex, creada en 1941 por
el inventor y químico alemán Peter Schlumbohm, y que desde hace un tiempo
se ha convertido en must del movimiento slow food.

Me sorprendo con estas cosas: algo que ha sido tendencia deja de serlo
cuando ya es asequible a la mayoría, cuando se populariza y vulgariza,
surgiendo en contraposición algo distinto, frecuentemente algo
de características contrarias, aunque sea recuperándolo de
tiempos pasados.

En 1958 los diseñadores del Instituto de Tecnología de Illinois eligieron la
cafetera Chemex como uno de los mejores diseños de los tiempos modernos,
incluyéndola en uno de los expositores del MOMA.

Esta cafetera es una especie de matraz de cristal Pirex con una boca en forma
de cono en la parte superior. Lleva en el cuello una arandela de madera atada
con cordón de cuero y una bolita de madera para poder manejar el recipiente
cuando el café está caliente.

El agua hay que calentarla aparte en el fuego o el microondas y se deposita
en el cono al que se le ha puesto un filtro de papel lleno de café.

El agua se infusiona en el cono y cae en la parte inferior del recipiente,
luego habrá que retirar el papel para poder servir el café.

El sistema no dista mucho de las cafeteras eléctricas de goteo que
estuvieron de moda antes de las de cápsulas.

Imagen superior local milk
Imagen izquierda Linda Lomelino

Pues bien, yo no he llegado a tener cafetera de cápsulas, ni siquiera de goteo,
tengo varias de aluminio que son las que utilizo y en alguna ocasión me gusta
tomar café de puchero que hago en tetera.

Sin embargo, por una cuestión de diseño (supeditando lo estético a lo práctico,
como suele decir mi padre) sí deseaba hacerme con una Chemex.

Podría haber buscado en internet pero lo fui dejando a la espera de
encontrarme con alguna frente a frente.

No fue hasta este verano, en el primer pueblecito noruego que conocimos, que
la encontré en un café encantador de aires vintage con muchos tipos de cafés,
pastelillos caseros y vajilla artesanal en venta.

675 coronas noruegas costaba una Chemex de tamaño medio (70€) y no la
compré por temor a que no llegase entera a casa, sabiendo que tendría
la oportunidad de comprarla online.

A lo largo de nuestro recorrido por Noruega la volví a ver en otros lugares,
aproximadamente al mismo precio, así como algunas variantes de diseño
japonés mucho más caras.

Por supuesto el diseño de la cafetera es divino, con esa combinación de
cristal, madera y cuero, además de invitar a hacer café de una forma
natural, tranquila y casi ceremonial, pero realmente ¿cuántos de
nosotros podemos permitirnos preparar un slow cooffe a diario?

Yo no, ya quisiera os lo aseguro... Entonces pensé que no tendría sentido
hacerme con una por el puro gusto de tenerla.

Además, la esencia, la filosofía de esta manera de preparar café puede
realizarse con otros instrumentos que, de hecho, ya se comercializan por
separado para colocar sobre cualquier jarra de las que tenemos en casa y
hacer nuestro café de goteo. En Tiger, por ejemplo, tienen el cono en
porcelana blanca.

Finalmente yo he sido mucho más frugal: he comprado un cono de café de
plástico de los que se venden en ferreterías y se lo he añadido a una
jarrita/cafetera que tenía el asa estropeada hacía tiempo.

Para no quemarme y sujetarla: una goma gruesa de pelo.




Filtro, café molido y agua caliente y ya tengo mi cafetera de goteo
estilo slow life.






De este modo el día que tenga tiempo para hacer tranquilamente un
café, tomármelo lentamente mientras disfruto de la lectura de un buen
libro o visitando mis blogs preferidos, viviendo intensamente el momento...
entonces tendré mi cafetera slow food con las mismas prestaciones y sin
haber hecho una gran inversión.








Una manera frugal (y en la frugalidad encuentro mucho de filosofía slow) de
conseguir este must-have cafetero que comparto, cómo no, en los Findes de
Marcela Cavaglieri.



A nice and slowly weekend...